jueves, 24 de julio de 2008

EL “SALTARIN ROJO”, “SEMIDIOS DE AVELLANEDA”, “PARAGUAYO DE ORO”, “HOMBRE DE GOMA”

Arsenio Erico: Un jugador glorioso del fútbol paraguayo

No hay nombre más grande ni más glorioso, en el fútbol paraguayo todo, que el de Arsenio Erico. Su nombre resume, en sí mismo, todas las bondades del futbolista paraguayo nacidos y por nacer. En su nombre legendario se aúnan los talentos de los más grandes, pues, al decir del poeta porteño Carlos de la Púa, “el día que nació Erico, se rompió el molde”.


Arsenio Pastor Erico Martínez debutó a los 15 años en la Primera de Nacional y marcó más de 300 goles en toda su carrera, en Paraguay y Argentina.

Arsenio Pastor Erico Martínez nació, poco menos, en la cancha de Nacional, que por entonces quedaba en Iturbe y Cuarta Proyectada. Su padre, sus tíos, sus hermanos y sus primos, nueve en total, regalaron el apellido Erico para gloria de Nacional, en diversos años desde 1909, hasta 1942.

Arsenio debutó a los 15 años (había nacido el 30 de marzo de 1915, en barrio Obrero) en la Primera de Nacional, donde jugó hasta que llegó la Guerra del Chaco. Sus comienzos se remontan a la vieja cancha de Salesianito, hoy cementada, en el célebre “Equipo Azul” formado por el no menos famoso Pa’i Pérez.

Al año del inicio de la contienda bélica con Bolivia volvió del frente para integrar el equipo de la Cruz Roja, que hizo maravillas en una gira por Argentina y Uruguay, recaudando fondos para la atención de los heridos y prisioneros de Guerra. A iniciativas del Dr. Andrés Barbero, entonces director de la Cruz Roja, la Liga Paraguaya de Fútbol integró una selección con el fin de recaudar fondos para la mejor asistencia a los heridos del Chaco. Arsenio Erico, la revelación del Nacional, estaba enrolado en el Ejército y prestaba servicios en Puerto Casado. El comandante Molinas ordenó su retorno a Asunción para integrar la selección.

Los seleccionados vestían casaca blanca con una cruz roja en el pecho. El DT era Domingo Cino. Presidió la delegación don Ricardo González y viajaron los siguientes jugadores: Fortunato Mariotti, Adolfo Velázquez, Casiano López, Quiterio Olmedo, Marcos Gerinaldo Rojas, Lorenzo Romero, Andrés Amaré, Ramón Viccini, Mariano Alvarez, Pichico Salcedo, Andrés Mendoza, Carlos Aguilera Mazó, Eligio Esquivel, Arsenio Erico, José Ibáñez, Martín Flor, Rafael Erico, José Bernié, Timoteo Ramírez y José de la Cruz Franco. Jugaron en total 26 encuentros en la Argentina y en Uruguay.

Así fue que lo descubrió el Independiente de Avellaneda, en 1934 y se lo llevó.

Brilló como astro de primera magnitud entre lo más grande del fútbol sudamericano de su época. Marcó más de 300 goles en su carrera, algunos de ellos por Huracán, donde tuvo fugaz paso, y por Nacional, sobre todo en la campaña de 1942, que lo contó en sus filas para los partidos decisivos frente a Cerro Porteño, que consagraron campeón a la “Academia”.

El paraguayo Arsenio Erico y el brasileño Leonidas da Silva, dos grandes jugadores de la década de los ’30.

Sigue siendo el goleador no igualado del rico historial futbolístico argentino aunque recientemente un revisionista discutible le “inventó” un gol a Labruna con el que supuestamente igualó el record de 293 goles del gran Arsenio.

Reverenciado por todos, dentro de la cancha, pero lo fue más fuera de ella. Por su sencillez, su modestia, su solidaridad y su generosidad sin límites. “Un paraguayazo de ley” para quien todos los homenajes son pocos, según no se cansa de decir Carlos Gómez, amigo de toda la vida de Erico y famosos ambos, uno en las tablas y el otro en la cancha.

Ejerció la dirección técnica en Asunción y le cupo entrenar al Sol de América de 1957, el mejor equipo del año, pero que perdió el campeonato en la última fecha. Fue una tarde desgraciada del arquero solense que encajó un gol de mediacancha, uno de los pocos que marcó Claudio Lezcano en su vida para darle el título al Olimpia.

Con justicia el estadio de Nacional lleva su nombre, el mismo que una tribuna del estadio de los Defensores del Chaco. Lo triste es que Erico nunca pudo jugar en la selección, perdiendo la Albirroja a su figura más rutilante de todos los tiempos.

La vida mortal de Arsenio se apagó un 23 de julio, hace 32 años. Se fue de este mundo para convertirse en inmortal. Tanto que, como dice Distéfano, “nunca habrá nadie igual que Erico”.








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