PREMIO NOBEL DICE QUE TODAS LAS RENTAS EXCEDENTES DE LOS RECURSOS NATURALES PERTENECEN AL PUEBLO
Stiglitz no puede creer el trato dado al Paraguay en Itaipú
Al Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz le cuesta entender cómo el Paraguay ha aceptado mantener un trato tan desventajoso con el Brasil en Itaipú pese a que ya han transcurrido veinte años desde la caída de la dictadura. Para él la cuestión es simple, no importa que se trate de petróleo, gas, diamantes o, como en este caso, potencial hidroeléctrico de un río. En su opinión, una vez descontado un razonable retorno por el capital de los inversores, todas las rentas excedentes provenientes de los recursos naturales de una nación deben ser del país dueño de esos recursos. Cualquier otra solución es una burda apropiación, o más claramente, para usar sus palabras, un robo.

El profesor Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, en su oficina de Columbia University en Nueva York, durante la entrevista con ABC.
“Joe” Stiglitz nos recibió en su oficina de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia en Nueva York. Como contábamos ayer, nos hizo muchas preguntas al doctor Rogelio Careaga -economista paraguayo radicado en Estados Unidos que nos ayudó a concertar y nos acompañó a la entrevista- y a este enviado especial sobre el Paraguay. Uno de los temas que más le interesaron fue Itaipú.
Le relatamos que, en virtud del Tratado firmado en 1973, el Paraguay se veía obligado a cederle al Brasil todo su excedente energético en Itaipú a cambio de una ínfima “compensación”. El Brasil compra a Itaipú la energía que corresponde al Paraguay a precio de costo (unos 36 dólares el MWh), la vende en su propio mercado mayorista a precio de mercado (unos 80 dólares o más el MWh), le paga al Paraguay unas monedas (2,7 dólares el MWh) y se embolsa la diferencia.
A Stiglitz no le sorprende que un acuerdo de esta naturaleza se haya firmado en épocas de dictaduras, pero le llama la atención que se haya mantenido en época de democracias. Tratamos de explicarle con alguna elegancia que existen sospechas de que hubo algunos incentivos directos o indirectos para ciertas autoridades nacionales. “Quiere decir que aceptaron coimas”, nos interrumpió sin vueltas.
-Como argumento, en el Brasil suelen decir que ellos pusieron “todo” en Itaipú, y Paraguay “solo” puso el agua.
-El agua con potencial hidroeléctrico es un recurso natural extremadamente valioso, particularmente en estos momentos en que el precio de la energía se está yendo al techo y que, por el problema del calentamiento global, el precio del carbón llegará casi con seguridad a un nivel de entre 50 y 100 dólares la tonelada. Todo esto hace que la energía hidroeléctrica se convierta en un recurso realmente escaso y sumamente valioso.
-Usted plantea que todas las rentas excedentes de los recursos naturales deben quedar para el país, ¿es así?
-Sí, efectivamente, soy un ferviente defensor de esa idea. Las rentas básicas deben ir al país dueño de los recursos naturales. Por supuesto, los inversores deben tener un retorno razonable, pero no apropiarse de los recursos que son del país.
-¿Cuál sería un retorno razonable?
-Lo suficiente para recuperar su capital y obtener un margen justo, que guarde alguna correlación con el riesgo ordinario y la tasa de interés del mercado. A veces hay un tercer factor, un poco más complicado de evaluar, que es un pago extra por la tecnología.
-¿Cómo es eso?
-Me refiero a que algunas veces usted tiene que pensar que hay que pagar por la tecnología. No siempre, pero sí a veces. Por ejemplo, en algunos de los aspectos que tienen que ver con la extracción en plataformas marinas, solo hay una o dos compañías que han desarrollado esa tecnología, lo que les da cierto poder monopólico para extraer rentas extras por ello.
-¿Es el caso de las hidroeléctricas?
-No, no es el caso de las hidroeléctricas. La tecnología de las plantas hidroeléctricas es esencialmente muy simple. Tampoco es el caso del petróleo y el gas. La tecnología por esa clase de energía es bien conocida y entendida, la geología es bien conocida y entendida, no hay secretos.
-El nuevo gobierno en Paraguay se ha comprometido a exigir la renegociación del Tratado de Itaipú.
-Será un desafío muy importante. Muchos países están enfrentando actualmente situaciones como la de ustedes, en que se encuentran con muy malos contratos firmados por gobiernos que fueron corruptos o... sí, corruptos, llamémoslo por su nombre, y entonces hay que renegociar.
-¿Cree que tiene alguna chance de éxito el Paraguay?
-Claro que sí. Bolivia lo hizo en el sector del gas, también con Brasil.
-Es como David contra Goliat.
-Sí, en América Latina Brasil es el gran gigante y usa su poder. Es algo bastante natural que cada quien trate de maximizar su propio regateo.
-¿No importa si es injusto?

El tremendo potencial energético del río Paraná es un valioso recurso natural del Paraguay, pero los tratados de las hidroeléctricas binacionales despojan al pueblo paraguayo de las rentas adicionales que se extraen del mismo.
-Desafortunadamente, los principios de justicia social, yo he escrito sobre esto, típicamente no atraviesan las fronteras. Frecuentemente se habla de justicia social dentro de un país, pero muy a menudo esos puntos de vista se detienen en la frontera. Es común que los gobiernos consideren que su principal responsabilidad es maximizar el bienestar de sus ciudadanos, aun si es a costa de sus vecinos.
-Eso es muy cínico ¿Hay que aceptarlo simplemente?
-No debería ser así. Pienso que existen muchísimos intereses comunes. Se deberían buscar soluciones de mutuo beneficio. Creo que es perfectamente posible llegar a acuerdos de este tipo.
-Hablando de recursos naturales, en su último libro (“A Three Trillion Dollar War”) usted hace una relación entre estos y los conflictos armados. ¿Cree que el aumento del precio de la energía y de los alimentos nos indican que estamos en la antesala de un nuevo gran conflicto?
- A ver, déjeme ponerlo de esta forma. Por un lado, yo sí sostengo es que la guerra ha jugado un rol clave en el aumento del precio de la energía y que esto ha llevado, a su vez, a un aumento en el precio de los alimentos. Por otro lado, sostengo que los altos precios de la energía y los alimentos tendrán enormes costos en términos de aumento de la pobreza y de potenciales conflictos. Esto último es así porque a medida que los recursos se vuelvan más valiosos, más la gente tenderá a pelear por ellos.
-La respuesta es sí, entonces.
-El punto básico que yo trato de argumentar es que los que ganan con los conflictos son una minoría, los fabricantes de armas, las corporaciones como Halliburton, los que se apropian de los recursos, pero la gran mayoría de los habitantes del mundo pierde. Esta gran mayoría debería enfocarse en el desarrollo, no en la guerra, como lo está haciendo China, por ejemplo.
-Pero China tiene un gran poder militar.
-En Estados Unidos se suele hacer mucho ruido sobre el armamento de China, pero representa lo que nosotros gastamos en un par de meses en Irak, es minúsculo. Lo que yo observo en China, al contrario, es una fuerte obsesión por el crecimiento económico. Se dan cuenta de que cada dólar gastado en defensa es un dólar que no gastan en desarrollo.
-La vieja dicotomía económica: armas o mantequilla.
-Pienso que el 70 por ciento del mundo está preocupado por el desarrollo y sabe que los gastos en armas dañan el desarrollo. Desafortunadamente, particularmente en Africa, donde hay tantos recursos naturales, hay gente que prefiere pelear por ellos antes que pagar precios competitivos. Prefieren crear conflictos falsos para tratar de robarles esos recursos al pueblo, lo que me retrotrae a una de sus primeras preguntas.
-¿Ah sí? ¿Cuál?
-La pregunta sobre quién debe conservar las rentas excedentes. Si las rentas de esos recursos naturales realmente le quedan al país, no importa quién explote esos recursos. Puede ser un
contratista alemán o americano, cualquiera, que se llevará un interés por su capital y todo lo excedente será del pueblo. Si tuviéramos mercados que funcionaran bien, no tendría por qué haber conflictos. Son los intentos de suprimir los mercados competitivos los que llevan a los conflictos y las guerras.
Mañana: Ni anticapitalista ni contrario a la globalización
